Sí, pero... contra quién?
El pasado domingo, dentro del espacio Documentos TV se emitió el documental "Cómo empezar una revolución" en el que se narra cómo se gestó "De la dictadura a la democracia”, de Gene Sharp, y repasa someramente la influencia que este manual ha tenido en diversas revoluciones populares a lo largo de los años.
Tengo que decir que el documental me pareció bastante flojo -si bien no es una crítica lo que hoy me gustaría exponer- y confesar que no he leído su escrito (cosa que haré), por lo que probablemente todo lo que diga a continuación parta de una premisa falsa.
Lo que quisiera comentar aquí es la dificultad de la tarea que tenemos por delante aquellos a los que este sistema nos parece opresor y deshumanizador y que de una u otra manera tratamos de subvertir. Y dicho sea de paso, todo esto es no es más que la constatación del éxito de una estrategia que viene desplegándose desde hace décadas (Véase Chomsky y sus ensayos sobre la propaganda o Susan George).
De las mútliples consecuencias que hoy día estamos padeciendo, quisiera destacar dos que a mi entender son especialmente graves.
Por un lado, el establecimiento de un colonialismo de nuevo cariz, alejado del imperialismo tradicional y que implica, no ya la dominación de los pueblos por otros estados, como fue norma general en los siglos XIX y principios del XX, sino directamente la usurpación de la voluntad popular por parte de testaferros al servicio de intereses por todos conocidos.
Me estoy refiriendo, obviamente, a la situación que Grecia e Italia atraviesan estos días, en los que "El gobierno de Goldman Sachs en Europa" ha suplantado el legítimo puesto que ocupaban, mal que nos pesara, Yorgos Papandreu y Silvio Berlusconi, en lo que constituye, a mi entender, un auténtico golpe de estado.
Cabría preguntarse si no es esto un ejemplo más de la revolución (pacífica) que categoriza el manifiesto de Sharp, sólo que invirtiendo el orden de los sustantivos que conforman su título. Ojalá fuese sólo una broma que los mismos acusados de realizar operaciones de ingeniería financiera y falsear las cuentas de Grecia, y por tanto corresponsables de su situación actual, hayan sido hoy impuestos como nuevos dirigentes de estos dos países, otrora pioneros de la democracia y paradigmas de la tan cacareada civilización europea.
El segundo hecho en el que quisiera incidir, y que me parece un movimiento magistral,es el advenimiento del Dios mercado. Y traigo ahora a colación la idea que apuntaba al principio acerca de la complejidad de nuestra revolución.
En algún que otro café he oído referencias a la primavera árabe, a la valentía y determinación demostrada por los manifestantes. A proclamas del tipo "Si ellos pueden, nosotros podemos". Encuentro dos diferencias básicas. La primera estriba en la posición inicial. Desgraciadamente la situación de los habitantes de Túnez, Egipto y Libia era (y es) mucho más dramática que la nuestra y no es necesario glosar aquí las diferencias por evidentes.
La segunda radica en la existencia de un elemento (léase déspota, tirano o dictador) aglutinador de la rabia y el descontento de la población y del que los ciudadanos europeos carecemos. Supongo ahora que la premisa del ensayo es la existencia de un régimen opresor que subyuga a la mayoría de la población. Pero, y me repito, ¿contra qué o quién nos enfrentamos nosotros?.
Durante estos años de crisis hemos asistido a la llegada de un ente inmaterial, todopoderoso y hasta ahora desconocido, cuyos designios dictan el destino de los pueblos y al que yo llamo Dios mercado.
El porqué de la facilidad con que este "nuevo" actor se ha instalado en el imaginario colectivo cabría buscarlo, en primera instancia, en que ha servido de coartada a la cobarde casta política para eludir su responsabilidad en la situación actual. En segundo lugar ha demostrado ser el mecanismo ideal para que los amos del mundo ejerzan su poder y coerción de forma anónima, constituyendo una suerte de mano invisible que a la vez que extiende su influencia se evapora e incorporeiza.
Creo pues que están consiguiendo el pleno, puesto que no sólo nos oprimen, sino que además nos arrebatan el conocimiento del sujeto opresor.
Concluyo que necesitamos una versión 2.0 de "De la dictadura a la democracia” más adecuada a los nuevos tiempos. Que debemos estar más alerta que nunca, más formados que nunca y con nuestra capacidad crítica más en forma que nunca para seguir desenmascarando y denunciando las injusticias y atropellos a los que día sí, día también, nos someten.
Porque, no nos equivoquemos, los responsables de estos crímenes económicos contra la humanidad sea por acción u omisión tienen nombres y apellidos: Botín, Ortega, Sáenz, Zapatero, Rajoy ... (por no globalizar ;-)
Cabría preguntarse si no es esto un ejemplo más de la revolución (pacífica) que categoriza el manifiesto de Sharp, sólo que invirtiendo el orden de los sustantivos que conforman su título. Ojalá fuese sólo una broma que los mismos acusados de realizar operaciones de ingeniería financiera y falsear las cuentas de Grecia, y por tanto corresponsables de su situación actual, hayan sido hoy impuestos como nuevos dirigentes de estos dos países, otrora pioneros de la democracia y paradigmas de la tan cacareada civilización europea.
El segundo hecho en el que quisiera incidir, y que me parece un movimiento magistral,es el advenimiento del Dios mercado. Y traigo ahora a colación la idea que apuntaba al principio acerca de la complejidad de nuestra revolución.
En algún que otro café he oído referencias a la primavera árabe, a la valentía y determinación demostrada por los manifestantes. A proclamas del tipo "Si ellos pueden, nosotros podemos". Encuentro dos diferencias básicas. La primera estriba en la posición inicial. Desgraciadamente la situación de los habitantes de Túnez, Egipto y Libia era (y es) mucho más dramática que la nuestra y no es necesario glosar aquí las diferencias por evidentes.
La segunda radica en la existencia de un elemento (léase déspota, tirano o dictador) aglutinador de la rabia y el descontento de la población y del que los ciudadanos europeos carecemos. Supongo ahora que la premisa del ensayo es la existencia de un régimen opresor que subyuga a la mayoría de la población. Pero, y me repito, ¿contra qué o quién nos enfrentamos nosotros?.
Durante estos años de crisis hemos asistido a la llegada de un ente inmaterial, todopoderoso y hasta ahora desconocido, cuyos designios dictan el destino de los pueblos y al que yo llamo Dios mercado.
El porqué de la facilidad con que este "nuevo" actor se ha instalado en el imaginario colectivo cabría buscarlo, en primera instancia, en que ha servido de coartada a la cobarde casta política para eludir su responsabilidad en la situación actual. En segundo lugar ha demostrado ser el mecanismo ideal para que los amos del mundo ejerzan su poder y coerción de forma anónima, constituyendo una suerte de mano invisible que a la vez que extiende su influencia se evapora e incorporeiza.
Y aquí es donde veo el jaque. Por poner tres titulares que escuchamos a diario: "Los mercados reciben a Rajoy con más ascensos en la prima de riesgo", "Rajoy subió impuestos para frenar a los mercados", "El mercado estrecha el cerco sobre Portugal".
Creo pues que están consiguiendo el pleno, puesto que no sólo nos oprimen, sino que además nos arrebatan el conocimiento del sujeto opresor.
Concluyo que necesitamos una versión 2.0 de "De la dictadura a la democracia” más adecuada a los nuevos tiempos. Que debemos estar más alerta que nunca, más formados que nunca y con nuestra capacidad crítica más en forma que nunca para seguir desenmascarando y denunciando las injusticias y atropellos a los que día sí, día también, nos someten.
Porque, no nos equivoquemos, los responsables de estos crímenes económicos contra la humanidad sea por acción u omisión tienen nombres y apellidos: Botín, Ortega, Sáenz, Zapatero, Rajoy ... (por no globalizar ;-)

