Para una persona que ha vivido cerca de un año sin televisión -algo que para más de uno debe ser lo más parecido al purgatorio- escribir una entrada sobre televisión no deja de resultar un poco chocante.
Hace ya un tiempo que quería escribir sobre
rtve. Lo que finalmente me ha decidido a escribir ha sido la lectura de esta
noticia y el hecho de que últimamente me haya visto en más de una ocasión comentando a los que me rodean que escucho con entusiasmo este o aquél espacio de radio o recomendando con fruición algún programa de la televisión pública que sigo casi siempre a través de la web.
Bajo mi punto de vista, la eliminación de los cortes publicitarios ha sido un acierto que inicialmente no alcancé a sospechar. Por mor de esta, espacios que de otra forma no hubiesen tenido cabida en la parrilla, cuentan con su ventana dentro de la programación, y debo confesar, muchos de ellos han supuesto una grata sorpresa.
Como única crítica -aunque importante-, considero que no poder seguir la programación en directo es un error de bulto que espero que subsanen (dónde está La2?) pronto. Por lo demás, creo que se ha producido un salto de calidad en el contenido online disponible (unido al hecho de que poder ver los programas cuando te apetece es una gozada).
Estoy colgado de la historia de
El Bullí que nos acerca al genio Adriá. Descubro nuestra cultura gastronómica en
Un país para comérselo, y lo disfruto, pese a que nunca he tragado demasiado al amigo Imanol.
Y, por si la península se te queda pequeña, siempre te puedes acercar a un
Paraíso Cercano.
Para terminar y no extenderme demasiado en esta pequeña lista de recomendaciones, si te cansa la tele siempre te puedes acercar a leer lo que escriben alguno de los grandes periodistas que han pasado por esa casa, como
Rosa María Artal y
Enrique Meneses.