martes, 16 de febrero de 2010

Carroñeros

Me permito transcribir una parte del último artículo que el profesor Juan Torres Lopez ha publicado tanto en su blog como en la web de ATTAC.

Es algo en lo que vengo pensando hace mucho tiempo, por lo que hago mía su reflexión.

[...] Y, a escala global, difundiendo por todo el planeta e invirtiendo y especulando con activos financieros tóxicos gracias a la complicidad de las autoridades económicas. Hasta que todo saltó por los aires porque ganaban dinero de modo insostenible. Todos conocemos la historia.

Cuando eso pasó, enseguida obligaron a los gobiernos a intervenir. Y fue tanto el desastre que habían provocado que fue necesaria una intervención gigantesca de los estados, que los gobiernos se endeudaran hasta las cejas para evitar el colapso global de las economías, la quiebra generalizada del sistema financiero y bancario.

Con préstamos al 1% o incluso a menor interés los bancos centrales han puesto a disposición de la banca mundial cientos de miles de millones de euros para que saliera a flote y reactivara el flujo de crédito a la economía (por cierto, cometiendo así, cuando al mismo tiempo negaban unos pocos miles para luchar contra el hambre, uno de los crímenes más horrorosos de la historia humana).

Pero en lugar de eso, de dedicar ese dinero a financiar de nuevo la actividad económica, los bancos se han dedicado a sanear sus balances, bien colocando el mismo dinero que los bancos centrales le daban en depósitos mejor retribuidos allí mismo, o suscribiendo al 3, 4 o 5% la deuda que tenían que emitir los gobiernos para hacer frente a la situación que ellos habían creado.

Así se ha creado un nuevo y extraordinario negocio para la banca y los especuladores financieros: comprar la deuda que los gobiernos han tenido que emitir para tratar de hacer frente al desaguisado que la propia banca y los especuladores financieros han provocado.

Por eso, lo que ahora les preocupa es, sobre todo, que los estados estén en condiciones de hacer frente a esa deuda. Y por eso les quieren imponer condiciones draconianas para que sus recursos se dirijan prioritaria e inexcusablemente a pagarla. Lo mismo que hicieron con los países del tercer mundo en los años ochenta. [...]"
 

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